El expediente está listo, pero pesa más de lo que debería. Dentro hay cosas que no tienen nada que hacer ahí: el documento de identidad que se escaneó por si acaso, un borrador que se coló, páginas en blanco.
Quitarlas parece lo más fácil del mundo, y es justo donde se rompen los expedientes. Porque hay páginas que sobran y páginas que no se pueden tocar, y la diferencia no siempre se ve cuando llevas prisa.
Lo que casi siempre sobra
Antes de enviar, la lista de lo que se quita se repite mucho:
- Documentos de identidad. El DNI o el pasaporte se adjuntan de más casi por costumbre. Si el trámite no los pide, van fuera.
- Anexos que no tocan. Documentación de otro asunto que se acumuló al escanear todo el lote de una vez.
- Borradores y versiones en curso. Un expediente con dos versiones del mismo escrito es un problema, no una ayuda.
- Páginas en blanco, sobre todo las de detrás: las que salen al escanear un original impreso por una cara.
- Copias antiguas. La versión anterior del contrato o del escrito que ya se corrigió.
Quitar todo esto no cambia el contenido del expediente y lo deja más claro para quien lo recibe. Además, cada página que sobra acompaña al documento en cada envío y en cada reenvío posterior.
Lo que no se quita nunca
Aquí es donde se estropea el trabajo.
- La numeración. Si el escrito dice «página 4 de 12» y el expediente se queda en nueve, alguien tendrá que contar. Una numeración descuadrada es lo primero que se nota.
- Cualquier página con un sello, una diligencia o una firma. Ahí está la prueba de que algo se hizo, y no se puede rehacer.
- La última página de un contrato. Es donde están las firmas, y es la que más se olvida, precisamente porque parece la menos cargada.
- Lo que se cita desde otra página. Si un índice o un escrito remite a un anexo, el anexo se queda, aunque parezca repetido.
Una regla rápida: si al quitar una página tienes que explicarle a alguien por qué lo hiciste, no la quites.
Quitar páginas deja rastro si se hace mal
Tapar una página no es quitarla. Si se coloca un rectángulo blanco encima del texto, o una imagen que lo cubre, el contenido sigue dentro del archivo: se puede seleccionar, se puede copiar y se puede buscar. Lo que has hecho es esconderlo, no borrarlo.
Tampoco basta con enviarlo con la página oculta. Un PDF puede crecer por incrementos, es decir, cada guardado se añade al final del archivo y la parte anterior se queda dentro. Si la herramienta trabaja así, lo que quitaste puede seguir accesible en una versión antigua del mismo documento. Y hay una pista que lo delata: el peso del archivo no baja como debería.
La comprobación es sencilla. Después de quitar las páginas, busca dentro del PDF una palabra que estuviera en ellas. Si sigue apareciendo, no se ha quitado nada.
La vía que deja el archivo limpio es rehacer el documento sin esas páginas. Lo que queda es lo que hay, y lo que se quitó no está en ninguna parte.
Cómo se hace en RePDF
RePDF tiene herramientas para organizar las páginas de un PDF y para separar un documento en varias partes. Ves la página antes de moverla, decides qué se queda y qué se va, y el archivo se guarda en tu equipo sin pasar por ningún servidor. El expediente no sale de la mesa.
El orden que funciona es este: primero se arreglan las páginas, y después se repasa el resultado, la numeración y la última página. Al revés se acaba enviando algo que hay que volver a hacer.
Antes de darle a enviar
Quitar páginas sirve para que el expediente lleve lo que debe llevar y nada más. Quien lo recibe agradece no tener que buscar su parte entre hojas en blanco.
Así que pásalas una a una, de la primera a la última, aunque sean muchas. Mira la numeración, mira dónde están los sellos y dónde las firmas. Son dos minutos que evitan el envío que hay que repetir.